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Le estoy infiel a mi marido con su hijo, y él lo sabe y disfruta.

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Relato enviado por : Narrador el 10/04/2012. Lecturas: 25565

etiquetas relato Le estoy infiel a mi marido con su hijo, y él lo sabe y disfruta. Amor filial .
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Resumen
Mi actual esposo y yo nos llevamos unos cuantos años de diferencia, además él es padre de un chico que tiene cierto grado de retardo mental, para unas cosas, pero para otras definitivamente no.


Relato


Mi nombre es Mercedes, aunque mi familia y amistades me llaman Negrita o Merche, de cariño. Cuando conocí a Manolo mi actual esposo, él era mi profesor en uno de los cursos que yo tomaba en la Universidad, y a pesar de la gran diferencia de edades, me enamoré de él. Y porque no decirlo, él también se enamoró de mí. Así que a pesar de la oposición nuestras familias y amistades, terminamos casándonos, a pesar de tener más de treinta y tantos años de diferencia entre nosotros, y de que Manolo es padre de Fabricio, un joven de unos veintitantos años, al cual cuida debido a la condición de retraso mental.

Esa fue una de las primeras cosas de las que me habló Manolo, conocí a Fabricio cuando tenía como unos quince años, y tras observar como Manolo, cuidaba, amaba y protegía a su hijo, lejos de ser un motivo para que decidiera terminar la relación, hizo que me enamorase más aun, de mi actual esposo.

Lo cierto es que aprendí a querer a Fabricio, quizás no como su misma madre, desde luego, pero él me aceptó. Manolo, Fabricio y yo habíamos constituido una verdadera familia, y por espacio de varios años, todo fue de lo más normal. Aunque en ocasiones mi hijo, como le digo a Fabricio, tiene sus berrinches, propios de su condición. Berrinches con los que he aprendido a lidiar de diferentes formas y maneras, ya que en ocasiones se comporta como un niño de tres o cuatro años, en otras, como que ha desarrollado ciertas capacidades, y me ha dejado boca abierta, sobre todo cuando juega esos juegos electrónicos, los que Manolo y yo apenas y llegamos a la segunda, o tercera tabla, mientras que Fabricio en cosa de poco tiempo los domina abiertamente.

Pero tras de haber estados casados por espacio de unos doce años, Manolo debido a su próstata, comenzó a presentar ciertas dificultades de tipo sexual. Lo que en nosotros era algo vital, no tanto por mí, sino que Manolo desde que nos casamos, fue quien me abrió los ojos sobre los distintos y diferentes placeres sexuales.

Con decirles que yo era de las que pensaba que el sexo anal, era cosa de personas sumamente depravadas, pero cuando mi esposo, comenzó a hacerme el acercamiento de que tuviéramos sexo anal, al principio me negué rotundamente, pero ante su insistencia, y dale que déjame mostrarte de lo que te estás perdiendo, finalmente y apenas teníamos un año de casados, acepté.

Lo cierto es que para mí fue una especie de iniciación, Manolo esa noche, me trató de la manera más dulce que pudo tratarme, nos encontrábamos en la cama, y tras besarnos y acariciarnos, completamente desnudos, mi marido comenzó a darme un delicioso masaje por la espalda, y sin prisa lentamente sus manos poco a poco fueron bajando hasta mis nalgas. Entre los sabrosos besos que me daba en la nuca, fue bajando su boca y dedos por toda mi espalda, hasta que a medida que me fue masajeando la parte baja de la espalda, sus labios y lengua, comenzaron hacer la delicia de mi esfínter.

Fue mi primera experiencia anal, y disfrutar de lo que, mal llaman el beso negro. De eso a que con el mismo amor y delicadeza, me fuera dilatando mi ano, y posteriormente comenzara a penetrarme, fue un solo paso.

Si bien es cierto que a pesar de sus cuidados, no dejó de dolerme algo, ya a los pocos minutos, disfrutaba de todo lo que mi marido me estaba haciendo. Sentía su cuerpo encima del mío, su caliente piel contra la mía, sus fuertes brazos y manos sujetándome por la cadera, a medida que me penetraba una y otra vez, al tiempo que con una de sus manos jugueteaba con mi clítoris.

Cuando de momento, dejó mi clítoris tranquilo, yo estaba a punto de pedirle que continuase apretándolo divinamente entre sus dedos, al tiempo que su miembro sin detenerse, continuaba entrando y saliendo de mi culo. Cuando comencé a sentir algo raro, dentro de mi coño, había dejado de sobre excitar mi clítoris, para comenzar a penetrar mi coño con un grueso y largo juguete sexual, se trataba de un dildo, de color negro completamente de goma, no tan solo con la apariencia de uno real, sino que lo sentía dentro de mí coño, como uno de verdad, verdad.

No es que desde esa noche en adelante únicamente tuvimos sexo anal, no, pero si ocasionalmente lo disfrutábamos los dos, aparte de otras cosas, como las divinas mamadas de coño que Manolo acostumbra a darme. Y desde luego que yo se lo agradecía, mamando su miembro, en los lugares, y momentos en que él menos lo esperaba.

Bueno como verán Manolo y yo durante unos doce años disfrutamos de un sexo sumamente activo, pero debido a su condición, nuestra actividad se fue reduciendo, situación que yo comprendo muy bien.. Pero a pesar de todo, fuimos haciendo los ajustes necesarios, tanto para que él no se sintiera mal, y yo a la vez poder llevar una vida de lo más normal.

Ambos estábamos tan centrados en la condición de Manolo, que no nos habíamos dado cuenta de que Fabricio, ya había cumplido sus veinticinco años, y como él era en cierto grado, autosuficiente para cubrir sus necesidades, se nos pasó por alto, que ocasionalmente durante muchos años, mientras mi esposo y yo manteníamos acaloradas y salvajes relaciones sexuales, el chico nos observaba. De eso me di cuenta, un día en que tras estar recibiendo las atenciones que Manolo me brindaba con su lengua dentro de mi coño, después de que me hizo disfrutar de un brutal orgasmo, como debíamos ir a trabajar, Manolo fue el primero en entrar a nuestro baño, por lo que yo me dirigí al otro baño de la casa, para asearme y darme una buena ducha.

Al abrir la puerta del baño, que me encuentro a Fabricio, completamente desnudo, masturbándose, intensamente, con los ojos cerrados, y con una de mis pantis entre sus manos. Por aquello de no cortarle la inspiración y más que todo por temor a como fuera a responder, sin que él se diera cuenta de mi presencia, cerré la puerta suavemente y fui donde mi marido, al que comencé a explicarle lo sucedido. Manolo se puso rojo de vergüenza, y a pesar de su preparación en esos momentos no atinó a darme una respuesta de cómo hacerle frente a la situación de nuestro hijo.

Así que me di un buen baño, pero el resto del día no podía sacar de mi mente la imagen de Fabricio masturbándose con una de mis pantis entre sus dedos y su parado miembro. Desde luego que Manolo y yo tomamos cartas en el asunto, pero de una manera bien creativa, Manolo contrató a una dama de compañía, por no llamarla puta, y después de que tanto él como yo le hablamos de cómo debía actuar con nuestro hijo, la tipa puso manos a la obra. Se vistió con una muy corta minifalda, y con una apretada blusa semitransparente, se la presentamos a Fabricio como si ella fuera una nueva maestra, y los dejamos a solas en su habitación.

No había pasado ni media hora cuando Manolo y yo escuchamos los sonidos propios de quienes mantiene una fuerte relación sexual, y llenos de curiosidad discretamente nos asomamos por la puerta. Fabricio estaba completamente desnudo, manteniendo a la ¨maestra¨ con las piernas bien separadas, y clavándole su tremendo miembro por el coño de ella. En esos momentos, su rostro había adquirido otras facciones, se podía ver que estaba disfrutando plenamente de lo que estaba haciendo con esa puta, sin importarle que nosotros estuviéramos observándolo desde la puerta.

Después de esa situación, por lo menos una o dos veces al mes, Fabricio recibía la visita de su ¨maestra¨. La que a la vez cuando terminaba, nos dejaba ver lo satisfecha que se encontraba, con los avances de su pupilo. En medio de todo, nuestra vida regresó a la normalidad, aunque debido a la condición de Manolo, yo en ocasiones me las veía verde. Ya que aunque no me considero una adicta al sexo, ya que es una necesidad que reconozco que tengo, y en ocasiones a pesar de lo que Manolo trata de hacerme para complacerme, me quedo como que mirando al techo de nuestra habitación, sin haber podido disfrutar realmente.

Pensé hasta en llegar a serle infiel con alguien fuera de nuestro círculo de amistades o conocidos, pero la verdad es que no pude nunca ni tan siquiera dar el primer paso en esa dirección, a pesar de que el mismo Manolo y yo, en más de una ocasión habíamos hablado del tema sin tapujos.

Pero resulta que a mi marido lo llamaron de una Universidad, en otra ciudad para que diera unas cuantas charlas a profesores y estudiantes. Razón por la cual, salió de viaje por varios días, quedándome yo sola con Fabricio. Como en un sinfín de otras ocasiones, pero con la diferencia de que su ¨maestra¨ nos llamó para excusarse, ya que por razones que no vienen al caso nombrar, no podía asistir a la cita que regularmente tenía con nuestro hijo. Yo al principio no le di cabeza a eso, pero al regresar a casa, me encontré a Fabricio en su habitación recostado en la cama esperando a su ¨maestra¨. Yo la verdad es que no estaba preparada para eso, así que de momento sentí que por todo mi cuerpo una calentura, tremenda, y lo único que se me ocurrió hacer para calmarme, consciente de lo que me estaba sucediendo, fue darme una buena ducha bien fría.

Después de la ducha, me envolví en una pequeña toalla, y me dirigía a mi habitación, cuando sentí que Fabricio me llamaba, a pesar de no estar completamente cubierta por la toalla, pensé que eso no afectaría a Fabricio, así que al llegar a su dormitorio lo encontré recostado en su cama, y su manera me preguntó por su ¨maestra¨. Yo le dije que ella había llamado, y traté de explicarle que ella no asistiría ese día, y Fabricio se puso tremendamente triste, tanto que me dio un dolor en el alma, el verlo así. Por lo que me le acerqué lentamente, y comencé a decirle que no se preocupase, pero al mismo tiempo, él introdujo su mano dentro del pantalón de su pijama y aunque sin sacar fuera su miembro, comenzó a juguetear con él entre sus dedos, no sé que me pasó que en lugar de retirarme a mi habitación y dejarlo tranquilo, que él solo se masturbase, delicadamente abrí el pantalón de su pijama, y con mucha calma retiré sus dedos de su miembro, y en su lugar coloqué los míos, y como por arte de magia vi como su mustio miembro en cosa de fracciones de segundos se tonificó completamente, entre mis dedos.

Ya a los pocos segundos, mantenía entre mis dedos, su erecto miembro, y sin detenerme a pensar en lo que estaba haciendo, llevé mis labios hasta su miembro. Suavemente comencé a pasar mi lengua sobre su colorado y caliente glande, y a los pocos minutos ya me dedicaba a mamárselo, intensamente. Fabricio colocó sus manos sobre mi cabeza, y por un corto rato, sujetándome por mi cabello, movía mi cabeza para arriba y para abajo, hasta que de momento se detuvo. Pensé que estaba por venirse dentro de mi propia boca, pero no fue así, simplemente retiró mi cara, al tiempo que con una de sus manos, soltó la pequeña toalla que cubría mi cuerpo.

No tuvo ni que decir nada, en sus ojos vi el deseo que tenía por acostarse conmigo, así como seguramente el vio en los míos, el enorme deseo que yo tenía de sentir su verga dentro de mi coño. Realmente no me importó que se tratase del hijo de mi marido, y mucho menos que fuera retardado, en ese instante lo que deseaba intensamente era saciar el intenso deseo de sentir esa enorme y parada verga dentro de mi coño. Así que sin tan siquiera decir una sola palabra, me recosté a su lado, y como si lo hubiéramos hecho en un sinfín de ocasiones, Fabricio tras yo separar mis piernas, comenzó a penetrarme divinamente.

Era tanta la excitación que yo sentía, que a medida que su verga se deslizaba dentro de mi húmedo y caliente coño, yo gemía de placer, y sujetaba con mis brazos y piernas su cuerpo sobre el mío. Fabricio por su parte en cierto momento, se dedicó a mamar mis tetas intensamente, a chuparlas como hacía mucho tiempo su padre no me las chupaba. Suave pero firmemente, sentía sus dientes contra mis parados pezones, arrancándome profundos gemidos de placer.

Bueno desde esa ocasión, cuando no era que Fabricio me tenía bien clavada, ya fuera por el coño o por mi culo, nos encontrábamos haciendo un 69. Claro procurando siempre que mi marido no se fuera a enterar de lo que sucedía entre su hijo y yo. A pesar de la condición de Fabricio, nunca me ha llegado hacer un berrinche, cuando discretamente le he dicho que no podemos hacer nada, por la razón que fuera. Por eso pensaba yo, que mi esposo no estaba al tanto de que su hijo y yo, nos acostábamos cada vez que podíamos.

En más de una ocasión, aprovechábamos que Manolo dormía plácidamente en nuestra habitación o en el sofá de la sala, mientras que Fabricio y yo, nos encontrábamos en la parte trasera de la casa, disfrutando mutuamente él de mí y yo de él.

Hay días en que Manolo tiene que ir a dar clases, y únicamente me pongo una transparente bata, ya Fabricio al verme sabe de sobra lo que vamos hacer, él no es muy expresivo con las palabras, pero realmente no me hace falta, ya que nos entendemos a las mil maravillas. En esos momentos nos ponemos a juguetear, yo a quitarle la ropa que carga puesta, mientras que él por su parte con suma facilidad me quita la bata, quedando completamente desnuda. Después de eso nos acariciamos y besamos mutuamente, y cuando no es que yo por decisión propia agarró su miembro y me lo pongo a mamar, es que lo agarró a él por la cabeza, y dirijo su rostro directamente a mi coño, y por un largo rato lo mantengo chupando mi clítoris y lamiéndolo hasta que en innumerables ocasiones disfruto de múltiples orgasmos, para que luego él haga con mi cuerpo lo que le venga en gana.

Recientemente Manolo comenzó a preguntarme como me iba con Fabricio, si se portaba bien, si me obedecía y un sinfín de cosas más, yo al principio, no le presté mucha atención a sus preguntas hasta que un día sin rodeos, me preguntó, si el que yo me estuviera acostando con su hijo, era la razón por la cual la ¨maestras¨ no hubiera regresado a la casa. Yo me quedé pálida, petrificada, sin saber que responderle, cuando el mismo Manolo me continuó diciendo. Los he visto en una cuantas ocasiones, y se ve que mi hijo se defiende muy bien, ahora lo que quiero saber es si tú realmente lo disfrutas.

No me quedó más remedio que aceptar y decirle que sí. Todavía Fabricio y yo nos acostamos, creo que con mayor regularidad, en ocasiones ante la complacida mirada de mi esposo.

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